Archive for junio, 2011

EL DEBATE DEL OXÍGENO

Los mecanismos íntimos por los que se produce el Mal de Montaña, son aún bastantes desconocidos. Razón por la que es objeto de debate y discusión habituales en cuantas reuniones y congresos celebran al efecto expertos y especialistas. Sin embargo, este debate ha llegado por diversos motivos a nivel de la calle, donde por desconocimiento de las razones científicas que aducen los expertos, se vierten opiniones que poco tienen que ver con lo que muestran los últimos avances y descubrimientos al respecto. En el presente artículo, tratamos de ilustrar con sencillez todo ello, para general conocimiento de aficionados y montañeros.

Soy incapaz de comprender esa furia que, les ha entrado a algunos himalayistas españoles por ascender sin oxígeno a las altas montañas del mundo, sin tener claramente en cuenta el incremento del riesgo que ello supone para sus vidas y las de cuantos en el intento les rodean. Máxime, cuando algunos de ellos “rechazan el Oxígeno, pero sin embargo, se inyectan dexametasona y otros fármacos prohibidos en cualquier actividad deportiva, para frenar los efectos de la altura (declaraciones del rescatador del Lhotse Damián Benegas, en reportaje publicado en “La Vanguardia” del lunes 30 de mayo de 2011, bajo el título “Que no quiero oxígeno”)

Y no es que esté radicalmente en contra de que lo hagan, que no lo estoy. Pero lo que no entiendo es que lo hagan sin tomar la precaución que los tiempos y las formas actuales permiten, para tener una botella de oxígeno a mano (e incluso negándose tajante a usarla cuando la tienen), y utilizarla a la menos sospecha de que su organismo está acusando los efectos de la altura peligrosamente.

Que no me vengan con historias: Hillary y Tenzing, los primeros ascensionistas del Everest, lo hicieron utilizando oxígeno y no creo que nadie se atreva a anularles el mérito de la ascensión, aunque con estos fanáticos actuales y sus espúreos intereses comerciales, nunca se sabe.

Personalmente, tengo muy claro que aquello, fue un gran éxito deportivo. Pero también fue un gran éxito médico de los fisiólogos que llevaban años estudiando los efectos de la disminución de la Pp O2 (presión parcial de oxígeno) en la altura (la presión barométrica, que se decía entonces) como responsable de los síntomas del mal de montaña o mal de altura, que tan magistralmente había descrito cuatro siglos antes durante sus andanzas por los Andes, el jesuita español José de Acosta; que en estos asuntos los españoles somos pioneros desde hace centurias.

También recuerdo que con motivo de la inauguración de un telecabina para la Expo-2008 zaragozana, pasó por aquí mi viejo conocido Reinhold Messner, primer alpinista que consiguió subir al Everest y hacer los 14 ochomiles sin oxígeno. Dio una conferencia a la que, asistimos cuatro gatos. En ella, dejó muy claro que en su opinión, la adaptación a la altura era una cuestión genética. Además, cuando le preguntaron lo que opinaba sobre el asunto de subir los 14 ochomiles, no se corto un pelo al responder que le parecía una forma como otra cualquiera de hacer turismo. Los incrédulos, pueden consultar las páginas del “Heraldo de Aragón” de aquellos días. Y los aguerridos héroes del NO al oxígeno, considerar que Reinhold Messner no es uno de los más grandes alpinistas de la historia por esa coña del oxígeno y los 14 ochomiles, sino por los impresionantes vías de escalada que ha abierto a lo largo de su vida.

Lo de la cuestión genética, me sería aclarado algo después por mi buen amigo Ginés Morata, gran genetista y por ello Premio Príncipe de Asturias, en base a la existencia de distintos tipos de hemoglobina, alguno de los cuales permite una mejor oxidación y transporte del oxígeno. Esa selección genética en la que una hemoglobina especial, a la que los sherpas habrían llegado por selección natural, por medio de una mortalidad perinatal aun en los tiempos actuales cercana al 46 %, en la que el que no la tiene se muere al poco de nacer y punto, sería también la responsable de la especial capacidad de adaptación de algunos alpinistas a la altura.

Con lo que llegados a este punto, vale que les diga que a mi, me hubiese gustado muchísimo ser pívot de un equipo de baloncesto. Pero como solo mido 169 cmts. de altura, no ha podido ser. Y puedo aceptarlo y dedicarme a otra cosa, o puedo despotricar contra la genética de mis ancestros del Campo de Borja, donde excepciones aparte, como, el “enano saltarín” Garriga, la inmensa mayoría somos chaparros moncainos del somontano. También puedo pedir que les corten los brazos a tipos como Pau Gasol, capaces de “taponar” mis intentos de encestar sin levantarlos. Pero no creo que la idea cuaje. Como no debería de cuajar esa idea absurda de subir ochomiles sin oxígeno cueste lo que cueste, aunque ello suponga una imprudencia temeraria sin límites.

Por culpa del antidemocrático comportamiento de la genética, que no nos hace a todos iguales. Esta claro.

J.R.MORANDEIRA
Asesor F.A.M.


Comunicado a título personal del doctor Morandeira; Editorial de Barrabes

El doctor José Ramón Morandeira envía para su publicación un comunicado sobre el uso o no de oxígeno en altura por necesidades médicas y en casos graves, tras lo ocurrido en el Lhotse. Añadimos también unas palabras por nuestra parte, y con este escrito cerramos tan vergonzoso sainete, que si bien estuvo a punto de acabar en tragedia múltiple, no podemos negar que está entreteniendo a la audiencia televisiva

Con esto terminamos. Como Barrabés sólo queremos aclarar unas cosas:
El domingo 22 de mayo por la mañana (hora española) hablamos con la doctora Nerín. En ese momento nos informa de la situación. Nos pide línea libre, tiene que gestionar con los seguros el helicóptero; si no lo piden las compañías, tiene que pagarlo el interesado, y luego reclamar, como saben por experiencia. Una vez sabido, buscamos información en internet. Horas antes el periodista Fernando J. Pérez, presente en el campo base, ya ha informado en el Correo de lo ocurrido, diciendo exactamente lo mismo que la doctora Nerín nos cuenta. También hace rato que por el tweeter de algún alpinista esa información ha salido. En ese momento, por medio de una llamada cruzada, recibimos información directa por Skype desde el campo base, en el que se confirma que todo es exactamente así, por medio de fuentes de total credibilidad. Esas llamadas y fuentes las compartimos con más periodistas que son testigos de ellas. También se nos informa de que La Vanguardia está a punto de publicarlo en ese momento, aunque no llegamos a comprobarlo. Comprobamos en ese momento que el ABC digital informa a su vez. Entonces publicamos la información, horas después de que viera la luz por otras fuentes. Aun con todo, a diferencia de lo ya publicado en otros medios que son fuente directa en el campo base, decidimos eliminar la alusión al posible uso de oxígeno de Pauner, debido a que, como bien nos dijo la doctora Nerín telefónicamente tras insistir “me lo ha confirmado el doctor Martínez y otra persona -la omitimos como fuente-, pero ya sabes que esto de las comunicaciones de altura es radio macuto, igual dicen que se lo van a dar, o que lo necesitaría”. La información sobre el posible uso de oxígeno de Pauner fue eliminada en ese momento del texto que finalmente permanece en Barrabés. Luego nos vimos en la tesitura de tener que desmentir, como los demás, algo ni siquiera publicado…

No entendemos como los mismos integrantes de los grupos desde los cuales salió esa información después alegan que María Antonia Nerín fue la que la lanzó todo a los medios, antes de que las familias se enteraran -enviando además una puya a Barrabes y otros medios de montaña-, y que es errónea porque ella no estaba allí. A fecha de hoy, aún puede comprobarse que no es cierto que partiera de ella, y puede comprobarse que esa información salió del campo base tal cual. Y no sólo por internet, sino por otros medios que no han salido a la luz, y que desde ya nos olvidamos de su existencia. Ya no merece la pena. Aunque entendemos que a veces las cosas se ven con mayor perspectiva desde fuera, y probablemente ellos mismos ignoraban estas informaciones partidas de sus equipos y que pululaban por la prensa.
Lo ocurrido después es un ejemplo de lo que no deben de ser las cosas. Era bastante sencillo corregir lo malinterpretado y los errores provocados por nervios, cansancio, emisoras y voces cruzadas, y aclarar todo, incluidos los malos entendidos entre todos los protagonistas del Lhotse. Pero una guerra de egos y de intereses no conocidos y de personas que para cubrir sus errores se han dedicado a liarlo todo para justificarse, ha creado una rueda que se ha hecho enorme y que al menos ha servido para entretener a la ciudadanía, en cuanto ofrecía una imagen lamentable del mundo de la montaña, que ha pululado entre el Sálvame, La Noria, el Aragón se escribe con Jota, y el Vaya Semanita.
Ya hace tiempo que el mundo de los ochomiles, entendido así, no sólo ha dejado de tener interés para el mundo de la montaña, sino que provoca incluso rechazo. Sólo hay que ver foros, etc, escuchar conversaciones entre montañeros normales. Ha pasado a ser algo para otro tipo de público más general. Pero eso no quita para que los medios informemos, porque siguen siendo actividades de muy alto nivel al alcance de muy pocos.

Pero si va a ser a costa de hacernos pasar estos ratos tan lamentables, como los que han ocurrido tras el descenso del Lhotse, tendremos que empezar a plantearnos todos qué está pasando aquí.
También decir que estamos abochornados de los modos y maneras que se han visto en los comentarios, no sólo de www.barrabes.com, sino en general del mundo de la montaña. En lo que es nuestra exclusiva responsabilidad, queremos pedir disculpas a nuestros lectores porque sabemos que no hemos sabido cortar a tiempo y gestionar correctamente todo, ya que confiábamos en la madurez de todas y todos, y eso ha provocado que hayan tenido que leer cosas profundamente desagradables.
No aceptamos más comunicados ni responderemos a nada más.

REDACCIÓN BARRABES.COM

http://www.barrabes.com/revista/noticias/2-7063/comunicado-titulo-personal-doctor-morandeira.html


Comunicado de José Ramón Morandeira

Es mi deseo, a título exclusivamente personal, dar por zanjado definitivamente el debate sobre si Carlos Pauner hizo o no uso de oxígeno artificial durante su descenso del Lhotse. Y lo es porque entiendo que este es un debate que sólo interesa a determinados “profesionales” del montañismo, que no dudan en utilizarnos incluso a los médicos que nos preocupamos por ellos, para lograr sus objetivos más o menos inconfesados y/o inconfesables de publicidad, esponsorización y divismo.
En la rueda de prensa institucional que se ofreció ayer en el Hospital Clínico Universitario de Zaragoza (HCU), procuré “no salirme del guión”, como dicen algunos, porque se me había pedido encarecida e institucionalmente que procurase ser “políticamente correcto”. Cosa que, habitualmente, me cuesta muchísimo.
En cualquier caso, creo que dejé bien claro –y ahora lo ratifico a título personal- doy mi opinión que la Dra. Nerín, bajo mi supervisión, se limitó a hacerse eco de las noticias que nos llegaron, publicadas con anterioridad en los blogs de los alpinistas y periodistas que estaban en el Lhotse, como puede comprobarse.
Dichas noticias nos fueron comunicadas por el médico de nuestro grupo, Carlos Martínez, al que dejamos en el Campo Base hasta el último momento, para atender las incidencias que pudieran tener los alpinistas al bajar de la cima, mientras la Dra. Nerín y yo nos desplazábamos a otros puntos de atención sanitaria donde, según mi planteamiento logístico, entendí –como así fue-, que podíamos ser más necesarios en caso de problemas graves.
También dejé bien claro que, como ratificó el Vicepresidente de la Federación Aragonesa de Montañismo y que puede comprobarse buscando en las hemerotecas mis publicaciones al respecto en los últimos 20 años, EN MI OPINIÓN, (tan respetable como otra cualquiera), quien estando con una saturación de oxígeno del 54-56% -como ha manifestado el propio Pauner en la televisión aragonesa- (cuando lo esperable a 6.500 metros es 70-72% +/- 5) y signos-síntomas evidentes de alteración del comportamiento, de las habilidades del conocimiento y con fatiga por sobreesfuerzo, no utiliza el oxígeno artificial, teniéndolo a mano, es un inconsciente que comete una imprudencia temeraria, poniendo en peligro su propia vida y la de quienes lo rodean. Algo sólo disculpable si asumimos esas alteraciones de “habilidades del conocimiento” como efecto del edema cerebral producido por la hipoxia hipóxica de la altitud. Esto es lo que hago en el caso de Carlos Pauner, a quien sigo considerando un viejo amigo y compañero expedicionario.
En cualquier caso, no es a mí ni a los médicos a quienes corresponde elegir entre haber utilizado el oxígeno en un determinado momento con fines medicinales o haber cometido una imprudencia temeraria por no hacerlo, sino a Carlos Pauner. Si elige la primera de las opciones, pasando de otros planteamientos pseudodeportivos estúpidos que para nada invalidan ni desmerecen su ascensión al Lhotse, contará con todo mi reconocimiento. Si se decide por la segunda, no me dejará otra opción que disculparlo por los efectos que la hipoxia causó sobre su organismo, pero asumiendo que, a causa de ello, ha cometido una imprudencia temeraria y ha sido un mal ejemplo. ¡Por Dios, que nadie actúe así en el futuro apoyándose en su ejemplo!
Lamento profundamente que el debate de esta expedición haya derivado por estos derroteros espúreos que aborrezco, olvidando que a estas horas podríamos estar lamentando la muerte de cuatro o cinco de nuestros alpinistas, olvidando el esfuerzo de muchos y que en el HCU zaragozano aún nos quedan preocupaciones infinitamente más importantes de las que ocuparnos, pensando en cómo abordar el tratamiento de las gravísimas congelaciones con que han vuelto algunos de ellos debidas, en gran parte, a seguir esos ejemplos que condeno y detesto. Por favor, un respeto para ellos.

JR Morandeira
Médico y montañero


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