Viernes, 27 de mayo
Es el abuelo, nuestro gran veterano de la montaña que, a sus 72 años, sigue subiendo ochomiles con la misma mochila llena de ilusiones con que subía el Aneto cuando tenía 20 años. Ha sido y sigue siendo un gran ejemplo para todos. Además, piensa como yo: la montaña está para disfrutarla y la vida para vivirla a gusto. Por eso, es sólo cuando se juntan ambos deseos cuando surge el verdadero montañero. Teniendo claro que ni la mejor montaña del mundo merece que, por subirla, te tengan que amputar ni siquiera un trocito de la última falange de un dedo. Sufrir en la montaña es absurdo. Cuando, por las razones que sean, no se dejan subir, hay que saber renunciar a hacerlo. La montaña siempre estará ahí, esperando que sepamos volver, demostrándole así nuestra querencia, nuestro amor por ella hasta que, como premio a nuestra constancia, nos deje subirla y disfrutar plenamente integrándonos con ella. Toda una filosofía, toda una forma de concebir el montañismo desde el punto de vista clásico, aceptando a la montaña como es, sin intentar imponerle los planteamientos competitivos y absurdos de la actual sociedad de consumo, ansiosa por crear “héroes de usar y tirar”, en esa demencial secuencia anglosajona del “fast, fast, come on, come on”.

Anoche, Carlos Soria y yo cenamos juntos en Kathmandu con otros amigos, comentando sosegadamente todo lo ocurrido en esta expedición, con especial mención de los duros momentos vividos en los últimos días, y analizando las diferencias que hemos vivido en la montaña durante los últimos cincuenta años en las que, este montañismo moderno de las empresas comerciales, de las ascensiones a la carta y de resumirlo todo en dinero, dinero y más dinero, ha salido bastante malparado.
¿Qué somos unos carcas, obsoletos, sentimentales y antiguos? Vale, pero a mi qué quieren que les diga, los “súper-tragamontañas modernos” me parecen ridículos. Especialmente cuando los comparo con los auténticos quijotes de la montaña, los que pelean contra molinos que son gigantes de ocho mil metros, como Carlos Soria. Ni más ni menos.
Ánimo Carlos, por encima de todo y de todos, a por ellos.
JR Morandeira






